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Sábado, 17 Junio 2017 20:30

Eucaristía es presencia, sacrificio y banquete

Escrito por  Noticias Arquidiócesis de Monterrey
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20º Aniversario Parroquia Jesús Buen Pastor, Apodaca, Bendición de Nichos – 14 de junio de 2017

Primero un agradecimiento a todos ustedes para aceptar la invitación de que celebráramos el día de hoy, entre semana, los veinte años de la creación de esta parroquia bajo el título Cristo, Buen Pastor. También  agradezco a los Padres de la zona que han querido acompañarnos en esta fecha memorable. Hemos aprendido a saber celebrar la historia, celebramos un aniversario, celebramos los cinco años, los diez, los quince, etc., cada año es ocasión de poder gozarnos de la historia que Dios hace en nuestro favor. Veinte años ininterrumpidos en los que se ha celebrado entre ustedes el milagro más grande de nuestra fe: la Eucaristía

Coincide su aniversario con esta víspera de la fiesta de Corpus Christi que celebraremos el día de mañana, pero que ha comenzado hoy a partir de las seis de la tarde: la fiesta del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. Y digo que es una bonita coincidencia que celebremos los veinte años de su parroquia en esta fiesta porque la parroquia existe por y para la Eucaristía: es la Eucaristía la que le da su perfil, es la que le da su agenda pastoral, todo lo que se hace en la parroquia es por y para la Eucaristía: la catequesis, los grupos de la parroquia, las organizaciones de caridad. Todo es por y para la Eucaristía, porque para eso existe una parroquia: para celebrar el misterio de la fe.

Hoy, la Palabra de Dios nos recordó la grandeza de este misterio. La crisis de la Iglesia es la crisis de la participación eucarística, por eso los sacerdotes, junto con los que ayudan en la pastoral, tienen siempre como deber principal promover la participación en la Eucaristía, pues es detonante de la vida de una parroquia, donde los fieles no acuden a la Misa quiere decir que la comunidad está débil, un poco enferma, que necesita reactivar su vitalidad. Hoy escuchamos las palabras del mismo Jesús “el que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día”. La comunidad que celebra la Eucaristía se está adelantando al cielo, porque esta asamblea que celebra el misterio de Dios está anunciando la Eucaristía definitiva en el cielo, por eso la Iglesia cuida que la Eucaristía se celebre, que transmita el Espíritu que Cristo y su Iglesia han querido en la Eucaristía, una participación consciente, viva y animosa, porque aquí ocurre el milagro mayor de la historia: el pan se conveniente en el Cuerpo de Cristo y el vino se convierte en su Sangre. Así vivimos la belleza de este misterio, la Iglesia lo entiende en tres aspectos: es presencia de Dios, es sacrificio de Cristo y es el banquete Pascual, tres elementos que nos permiten comprender la grandeza y la belleza de este misterio.

Es la presencia de Dios, presencia misteriosos, oculta en los accidentes del pan y del vino, pero ahí está presente el mismo Cristo que se ha hecho ya de manera clara, patente y presente en su Palabra. Si Dios está presente nuestra actitud en la Eucaristía tiene que ser consecuente de esa presencia. Si ustedes encuentran a un personaje famoso quieren verlo, atenderlo, escucharlo, y ¿por qué a veces nosotros los católicos despreciamos la presencia de Dios estando en la Iglesia, de modo irreverente, de manera que no creemos en su presencia?

El segundo rasgo, y que considero el más crucial, es el sacrificio de Cristo. Aquel acontecimiento único e irrepetible, el de la Cruz, allá en Jerusalén hace casi dos mil años, Cristo murió de una vez y por todas, pero Él quiso que cuando sus discípulos se reunieran e hicieran el memorial de su muerte y Resurrección, y Él se haría presente en medio de ellos, el sacrificio de Cristo recobra vitalidad. Cuando nosotros celebramos la Eucaristía ahí realmente acontece el misterio de la muerte y Resurrección del Señor.

La tercera dimensión, la Eucaristía es un banquete, es decir, una convivencia en la fe. Por eso cantamos, aplaudimos, pero siempre manteniendo la conciencia de que no estamos en un concierto, en una arena o donde sea, sino que estamos alabando a Dios. Los que cantan en el coro no vienen a dar un concierto, sino venimos a unir nuestra voz a las glorias de Dios, porque es un banquete en el cual tenemos la mesa en la que el Señor se hace comida y bebida para nosotros. Esto también nos hace pensar en que la Eucaristía conserve siempre su alegría, la alegría no de una pachanga, sino la alegría de la fe y del corazón, el gozo de saber que Dios nos ama y que estará siempre con nosotros.

Estos veinte años tienen que ser motivo de agradecimiento a Dios porque aquí han ocurrido milagros: de su presencia, de su sacrificio y de su banquete Pascual que celebramos. Con este pensamiento, hace veinte años, se fundo aquí su parroquia con la finalidad de que aquí se predique la Palabra, se celebren los sacramentos, especialmente el de la Eucaristía, y se viva el mandamiento de la caridad, porque son las tres características de la parroquia, así ella logra toda su riqueza y grandeza

Hermanos fieles, hagan que su parroquia sea lo que tenga que ser, vengan a la Misa, oigan la voz de Dios, alégrense de la presencia de Cristo, vivan entre ustedes la caridad y sean una comunidad fraterna, porque esa es la parroquia: una comunidad que cree, que ama que espera. Que el Señor ayude a su párroco, a quienes colaboran con él, su vicario, para que en esta Iglesia se celebre con ánimo y alegría la Eucaristía y también se promueva la caridad entre ustedes.

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