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Martes, 07 Junio 2016 19:28

¿Qué es la excomunión en la Iglesia Católica?

Escrito por  ACI Prensa
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El emperador Federico II es excomulgado por el papa Inocencio IV El emperador Federico II es excomulgado por el papa Inocencio IV Wikipedia (Dominio Público)

REDACCIÓN CENTRAL, 07 Jun. 16 / 06:29 pm (ACI).- Se puede definir a la excomunión como apartar a un bautizado de la comunión de los fieles de la Iglesia y del acceso a los sacramentos.

La Enciclopedia Católica afirma que la excomunión, “siendo una pena, supone la culpabilidad; y siendo la pena más grave que la Iglesia puede infligir, naturalmente supone una ofensa muy grave. Es también una pena medicinal en lugar de vengativa, pues está destinada no tanto a castigar al culpable, sino a corregirlo y a traerlo de nuevo a la senda de la rectitud”.

El Cardenal Mauro Piacenza, Penitenciario Mayor de la Santa Sede, explicó en una ocasión que el objetivo de la excomunión es llevar “a los culpables al arrepentimiento y a la conversión”.

“Con la pena de excomunión la Iglesia no intenta de algún modo restringir el campo de la misericordia, sino que simplemente se evidencia la gravedad del crimen”, señaló.

¿Por qué se excomulga? La excomunión es un dispositivo punitivo por parte de la Iglesia y va más allá de simplemente la restricción al acceso a la Sagrada Comunión.

También reprende públicamente, como especifica el Código de Derecho Canónico, a una persona “que provoca con su conducta escándalo o grave perturbación del orden", como señala el Canon 1339 en el párrafo 2.

La causa de excomunión se da explícitamente a "los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave", precisa el Canon 915.

La Iglesia toma esta medida extrema solo después de que todos los demás esfuerzos para corregir fraternamente han fracasado. Algunos han visto a la excomunión como una manera de traer católicos erráticos al buen camino.

Algunos casos emblemáticos de excomunión en la Iglesia

En la Iglesia primitiva, San Ambrosio, Obispo de Milán, utilizó la amenaza de excomunión contra el emperador Teodosio I por la matanza de 7.000 personas en Tesalónica. Él le dijo al emperador que imite al rey David en su arrepentimiento y lo readmitió a la comunión después de varios meses de penitencia.

En la Edad Media, el Papa Gregorio VII excomulgó al emperador romano Enrique IV sobre muchos temas en disputa, uno de los cuales fue el intento de Enrique para deponer a Gregorio del papado. La excomunión de Enrique produjo un efecto profundo en Alemania e Italia.

En respuesta, Enrique se vio obligado a viajar a Canossa y esperar en la nieve durante tres días; donde hizo penitencia y finalmente fue absuelto de la excomunión. En la Europa medieval, donde casi todo el mundo era católico, el emperador necesitaba a la Iglesia y por lo tanto la excomunión era eficaz.

El Renacimiento fue una época muy diferente en la vida de la Iglesia y la gente no tomó tan en serio la excomunión.

En el siglo XVI la excomunión de Martín Lutero, Enrique VIII e Isabel I generó un efecto reducido a nivel personal o sobre sus seguidores. El uso de esta como un arma creó simpatía al ofensor, y a menudo condujo a un respaldo a la disidencia.

Más recientemente, en el año 1988, se produjo la excomunión del Arzobispo francés Marcel Lefebvre (que falleció excomulgado) quien ordenó a cuatro obispos sin permiso del Papa.

En 2009 Benedicto XVI levantó la excomunión que pesaba sobre ellos y desde entonces las negociaciones entre ambas instituciones han continuado para "reencontrar la plena comunión con la Iglesia".

En el 2016 el Papa Francisco señaló quedarles el estatus de prelatura personal sería una posibilidad, pero dependerá de un acuerdo fundamental porque “el Concilio Vaticano II tiene su valor”.

Otro ejemplo contemporáneo de una excomunión se produjo en 2010 cuando la hermana Margaret McBride autorizó un aborto en el hospital católico de Phoenix. La monja se reconcilió más tarde con la Iglesia y se le levantó la pena.

El caso más actual ocurrió en el 2016, durante el Pontificado del Papa Francisco, conla excomunión de la autodenominada “Iglesia Cristiana Universal de la Nueva Jerusalén”, fundada en Italia por la presunta vidente Giuseppina Norcia y que opera una pequeña localidad al sudeste de Roma.

El Vaticano determinó que “aquellos que se adhieran a la citada asociación incurren en la excomunión ‘latae sententiae’ por el delito de cisma”.

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