Martes, 05 Mayo 2020 00:02

Sacerdotes jóvenes se preparan para llevar sacramentos a enfermos y moribundos de COVID-19

Escrito por  Aci Prensa
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Si bien la pandemia del coronavirus ha paralizado al mundo, los sacerdotes más jóvenes y sanos de Estados Unidos se entrenan en equipos especiales y corren para dar el consuelo y la gracia de los sacramentos y último ritos a los enfermos y moribundos en hospitales,  hospicios y hogares de ancianos.

En estos tiempos de pandemia, en muchos países los hospitales restringen el acceso a los familiares de los pacientes con coronavirus para contener la expansión del virus. Esto ha afectado duramente a los moribundos, pues ya no tienen una digna partida al lado de sus seres queridos en su habitación, sino que fallecen frente al personal de salud y a un sacerdote cubiertos con trajes de protección personal.

En declaraciones a National Catholic Register (NCR), el P. Daniel O’Mullane, de la Diócesis de Paterson en Nueva Jersey, narró cómo la experiencia de llevar el sacramento de la Unción y ritos finales a un moribundo a una casa, lo hizo reflexionar profundamente sobre el rol de su ministerio en estos tiempos y la tensión que conlleva cumplirlos.

“Los ojos tristes del moribundo traspasaron el corazón del sacerdote”, pues percibió un terror al abandono y desconcierto de saber que “iba a morir con COVID, pero no por ello”, sino por otra enfermedad terminal, señaló NCR. Esta escena lo conmovió y lo llevó a asumir un riesgo personal calculado: quitarse los guantes para darle la Unción de los enfermos, añadió.

El P. O’Mullane ungió la cabeza del hombre con aceite y trazó la señal de la cruz con su pulgar, pero también, se sintió alarmado cuando la enfermera no le dio el alcohol esterilizante para que pueda lavarse las manos al concluir los ritos. Por ello, utilizó un desinfectante de manos, habló con los miembros de la familia del moribundo y luego, salió de la casa.

El P. O’Mullane notó que “en ese ritual breve, hay algo más profundo en el silencio” tanto para la persona ungida como para el resto de personas en la sala. “Si bien las palabras y la unción en la frente dada con las manos son muy poderosas,… el silencio realmente centra a todos en la acción”, señaló.

“Es la unción que más voy a recordar”, dijo el sacerdote, pues también le hizo pensar en Cristo y los leprosos, y a la vez, en la tensión que viven los sacerdotes en el ministerio para los pacientes COVID, los intocables de este tiempo, y en la necesidad del distanciamiento social.

Por ello, solo sacerdotes jóvenes como el P. O’Mullane son enviados con la preparación y medidas de protección para hacer sentir a los enfermos y moribundos que Cristo y la Iglesia está con ellos.

Estos sacerdotes de Estados Unidos no vive con otros sacerdotes mayores que por su edad tienen un alto riesgo de sufrir los estragos del coronavirus. 

Las medidas de protección varían entre sacerdotes, por ejemplo, el P. O’Mullane señaló que hace una evaluación personal de riesgos, por tanto, si hace una Unción con aceite donde sus manos están expuestas, luego se las lava completamente en alcohol para desinfectar la piel de cualquier contacto con el virus.

Ahora bien, la Iglesia Católica en Estados Unidos no ha afrontado una pandemia mundial desde la gripe española en 1918, que golpeó por primera vez al país en Kansas. Por ello, en los seminarios no se ha considerado un curso obligatorio relacionado a “cómo administrar los sacramentos en tiempos de pandemia” hasta ahora.

Dados los retos actuales de la pandemia del coronavirus para el ministerio sacerdotal, el Instituto Thomistic, con sede en la Casa de Estudios Dominicanos en Washington, D.C., está ofreciendo protocolos de entrenamiento a sacerdotes para administrar los sacramentos, bajo un enfoque interdisciplinario de expertos en medicina, ciencia, pastoral y teología católica.

En declaraciones a NCR, el director del Instituto, el sacerdote dominico Dominic Legge, señaló que “están animados por un deseo muy fuerte de encontrar una manera de llevar los sacramentos a la gente”, por ello, han publicado pautas sobre la Confesión y el reinicio de las Misas públicas; y anunció que publicarán nuevas pautas sobre la Unción de los enfermos, el Bautismo y la Sagrada Comunión a pacientes infectados.

El P. Legge explicó que dadas las necesidades actuales de distanciamiento social, la Unción de los enfermos presenta un gran desafío, pues no se puede conferir este sacramento a dos metros de distancia. “Se requiere una unción real con aceite”, señaló.

Con el objetivo de limitar los puntos de contacto que podrían ser la vía de entrada para el contagio al sacerdote u otras personas, es posible considerar los criterios del ritual que permiten al sacerdote usar un instrumento como los hisopos de algodón o pedazos de algodón como los “Q-tips” sumergidos en aceite sagrado, para realizar la unción, añadió el sacerdote.

Hasta ahora, la respuesta de los obispos, sacerdotes y fieles laicos ha sido positiva, lo que resulta “muy consolador", señaló el P. Legge.

Por su parte, el Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Sydney (Australia), Mons. Richard Umbers, dijo a NCR que se ha elevado la moral de los sacerdotes en la lucha espiritual contra el COVID-19, pues un millón de australianos participaron de las Misas en vivo al seguir la transmisión de las liturgias del Viernes Santo y la Pascua en la Catedral de Santa María.

En relación a los últimos ritos, Mons. Umbers dijo que la Arquidiócesis ha sido bendecida con muchos sacerdotes jóvenes listos y dispuestos a llevar la Sagrada Comunión y la Unción de los Enfermos a los católicos que están enfermos y moribundos en los hospitales y centros de atención, especialmente de COVID-19.

Asimismo, el Prelado dijo que los sacerdotes de cada decanato han recibido una rigurosa capacitación en el Hospital de San Vicente en Sydney, que además exige que cada sacerdote tenga todas las vacunas necesarias para realizar su misión en el hospital.

En esta etapa, el trabajo principal de Mons. Umbers es supervisar la organización de los equipos y una vez que todo está en su lugar, planifica una rotación. Los sacerdotes están siendo entrenados para salir en parejas y saben que todo lo que llevan debe ser desechable, pues el virus puede causar mucho daño en un hospital.

El Prelado dijo que llevar la Santa Comunión a un paciente con COVID-19 es particularmente complicado, pues tienen el desafío de hacerlo con "amor y reverencia". Por ello, idearon una forma de llevar la hostia en el copón envuelto en EPP fuera de la sala de aislamiento a las manos del sacerdote, quien luego lleva a Jesús directamente al paciente. "Debes tener especial cuidado con Nuestro Señor", añadió.

La moral de los sacerdotes se ha elevado también porque algunos pueden llevar la Santa Comunión, a la vez que mantienen una sólida comunicación con obispos y sacerdotes y rezan la Liturgia de las Horas por medio de Zoom. Por ello, los obispos planean realizar debates sinodales sobre el programa de teleconferencia. "Hemos puesto mucho esfuerzo en el lado de la comunicación de las cosas", dijo Mons. Umbers.

Las Arquidiócesis de Chicago y Boston (Estados Unidos) también han desarrollado planes de entrenamiento de sacerdotes para proveer cuidado espiritual crítico en coordinación con los hospitales. Es así que equipos de 24 sacerdotes repartidos por todo el territorio son entrenados por hospitales locales para administrar los sacramentos a los enfermos durante la pandemia.

El Arzobispo Metropolitano de Chicago, Cardenal Blase Cupich, solicitó a los sacerdotes voluntarios menores de 60 años y sin enfermedades crónicas que participen de esta labor durante la pandemia. Gracias a ello, la presencia de los sacerdotes ha sido un consuelo no solo para los enfermos y moribundos, sino también para sus familias.

En declaraciones a NCR, el P. Matthew O’Donnell, párroco de la iglesia de San Columbano, señaló que recibió una llamada del hospital sobre un paciente con COVID-19 a punto de morir; pero al llegar, se llevó la sorpresa de verlo despierto, sentado y en alerta. Por ello, pudieron conversar, orar juntos y darle la Unción. Solo una semana después, el paciente de repente se debilitó y falleció.

“Creo que fue una bendición para esa familia”, dijo el sacerdote. “Es Cristo quien obra a través de ese sacramento”, añadió. Sin embargo, también dijo que el único pensamiento que le molesta es que “hay tantas personas en este momento que no pueden tener a nadie con ellos mientras se mueren…, pero esto es algo que puedo hacer”.

Por su parte, la Arquidiócesis de Boston, bajo el liderazgo del Arzobispo de Boston, Cardenal Seán O’Malley, ha capacitado a 30 sacerdotes para ejercer un ministerio especializado para pacientes de COVID-19, y más de una docena de sacerdotes se ofrecieron como voluntarios para realizar trabajos de apoyo.

La Arquidiócesis también ha desarrollado estrictos procedimientos que tienen como objetivo asegurar a los equipos médicos que sus sacerdotes no contaminarán al personal, ni a los pacientes durante el ejercicio de su ministerio. A la fecha, se ha realizado una sesión de capacitación para 80 sacerdotes sobre los nuevos procedimientos.

En la sesión se clasificó a los voluntarios según su servicio: como ministros de hospitales o como respaldo o realizando una función de apoyo que permita a sus compañeros llevar a cabo el ministerio especial, como por ejemplo, prestar una casa parroquial vacía para que vivan los equipos sacerdotales, proporcionarles los alimentos y hacer los mandados.

Para el vicerrector del Seminario San Juan de la Arquidiócesis de Boston, P. Thomas Macdonald, a los alumnos del seminario se les enseña que el sacerdote actúa “in persona Christi; es decir, en la persona de Cristo” y la lección no es la teoría impartida en las aulas.

El sacerdote vestido con EPP está parado fuera de la habitación de hospital de un paciente con COVID-19, dice las palabras del ritual de la Unción a través del altavoz, pero son las palabras de Cristo, señaló el P. Macdonald. Luego, ingresa al cuarto, administra los aceites sagrados con un pedazo de algodón y regresa a su puesto inicial, pero es Cristo quien atraviesa la puerta cerrada y es quien permanece con el enfermo, añadió.

Una lección que el director quiere que recuerden los futuros sacerdotes del Seminario de San Juan es que “Cristo no puede ser encerrado en este tiempo de juicio”.

El ministerio del sacerdote no solo se muestra a los pacientes y a sus familias, sino también al personal médico, pues como Cristo, “el médico divino” está en medio de ellos. El sacerdote mencionó que después de administrar una Unción, uno de sus compañeros de equipo de COVID-19 terminó reuniendo a 25 personas en un gran círculo de oración.

En el interior de los hospitales y hogares de ancianos se reconoce que existe “una salud más profunda, y Cristo es esencial para eso”, señaló el P. Macdonald. “Las personas se dan cuenta que el ministerio al cuerpo no es suficiente”, añadió.

Muchas de las expectativas que el P. Macdonald tenía como sacerdote han sido desafiadas, pero, sobre todo, la capacidad de administrar los sacramentos durante el brote de COVID-19 lo ha llamado “más profundamente en el sumo sacerdocio de Cristo”.

“Lo haremos mientras estemos sanos y sea necesario”, dijo. “Es justo lo que hacen los sacerdotes”, concluyó.

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