Martes, 09 Julio 2019 14:18

El Obispo español reconocido venerable que hizo “voto de alegría”

Escrito por  Aci Prensa
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Con el reconocimiento de sus virtudes heroicas, Mons. Ángel Riesco Carbajo, que fue Obispo coadjutor de Oviedo y Auxiliar de Pamplona para la Diócesis de Tudela, se dio el primer paso hacia su beatificación.

Aunque el camino aún es largo, entre otros requisitos, falta el reconocimiento de un milagro, la noticia se recibió con alegría en las diócesis españolas de Astorga (donde nación), Oviedo y Tudela.

El reconocimiento de sus virtudes heroicas se hizo el pasado 5 de julio con la firma del decreto por parte del Papa Francisco.

Mons. Ángel Riesco Carbajo nació en la localidad zamorana de Bercianos de Vidriales, España, el 9 de julio de 1902. Estudió en la Universidad jesuita de Comillas y se ordenó sacerdote el 25 de julio de 1926.

Como primer encargo pastoral fue coadjutor de la parroquia de El Salvador en La Bañeza, perteneciente a la Diócesis de Astorga. Allí mostró un especial interés por las personas más necesitadas.

En declaraciones a ACI Prensa, la postuladora de la causa, María Victoria Hernández, destacó que en la Parroquia de El Salvador “puso en práctica lo que después sería característico suyo durante toda su vida: una actividad pastoral concentrada en los niños, en los jóvenes, y, sobre todo, en los enfermos y en los pobres”.

Durante ese período de intensa labor apostólica y evangélica formó también grupos de catequistas entre las mujeres de la parroquia y fundó el periódico El Adelantado Bañezano, en 1932.

En 1957 fundó el Instituto Secular Misioneras Apostólicas de la Caridad, dirigido a acoger a enfermos, pobres y marginados.

Posteriormente, fue nombrado Obispo coadjutor de la Archidiócesis de Oviedo en 1958 y, poco más de un año después, fue nombrado Obispo Auxiliar del Administrador Apostólico del Arzobispo de Pamplona para la Diócesis de Tudela, donde permaneció 10 años.

En Tudela también se caracterizó por la dedicación a estos sectores de la sociedad más necesitados.

Participó en el Concilio Vaticano II y, tras su renuncia en 1969, regresó a La Bañeza, donde falleció el 19 de julio de 1972.

La postuladora de su causa precisó que “seguramente fue uno de los primeros que puso en práctica el Decreto ‘Christus dominus’, sobre el Ministerio Pastoral de los Obispos, renunciando por el bien de la Iglesia, no por una necesidad suya personal, de enfermedad o de otro tipo, sino que, por el bien del pueblo de Dios”.

Añadió que “también era característico de Mons. Riesco la sonrisa, la alegría con que vivió las circunstancias cotidianas y ordinarias de la vida y de su cargo como Obispo durante muchos años”.

“Hizo voto de vivir con alegría, hizo voto de alegría. Y me parece que hoy esto es una llamada a todos, a los cristianos y también a sus pastores, de acoger con la sonrisa siempre en los labios”.

En cuanto a los motivos concretos que han llevado a reconocer al Obispo Riesco Carbajo hizo hincapié en “la heroicidad de las virtudes, de todas las virtudes. Se sabe que en el reconocimiento de la heroicidad de las virtudes se examinan las virtudes teologales, cada una de ellas, la fe, la esperanza, la caridad, y se destacó sobre todo en la fe y en la caridad para con el prójimo”.

“También en las virtudes cardinales, la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Fue una persona muy austera consigo mismo. Después las virtudes anejas, la pobreza, unida mucho a la templanza, la obediencia en la fidelidad y la adhesión al magisterio de la Iglesia. Y también, la castidad. Esa sonrisa suya transparentaba el corazón virginal, no solamente la limpieza de cuerpo, o sea, la castidad, sino también la virginidad del corazón”.

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