Lunes, 07 Enero 2019 13:14

El Papa expresa su preocupación por Nicaragua y Venezuela en discurso a Cuerpo Diplomático

Escrito por  Aci Prensa
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El Papa Francisco recibió a los miembros del Cuerpo Diplomático ante la Santa Sede en la tradicional audiencia con ocasión de las felicitaciones por el nuevo año y aseguró que la Iglesia trabaja para “favorecer la edificación de sociedades pacíficas y reconciliadas”.

En su largo discurso, el Santo Padre envió un mensaje de cercanía a los pueblos que representan, junto a su deseo de que el año que comienza “traiga paz y bienestar a todos los miembros de la familia humana”.

Además, el Papa manifestó su estima particular por el trabajo que cotidianamente realizan los diplomáticos “para consolidar las relaciones entre sus respectivos países y organizaciones con la Santa Sede, ulteriormente reforzadas por la firma o ratificación de nuevos acuerdos”.

Actualmente son 183 los estados que mantienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede. A los estados antes mencionados se suman la Unión Europea y la Soberana Orden Militar de Malta.

El Pontífice expresó su preocupación y el de la Santa Sede “por toda la familia humana y sus necesidades, incluso en el ámbito material y social”. Indicó que esta nace de la obediencia “a la misión espiritual, que brota del imperativo que el Señor Jesús ha dirigido al apóstol Pedro ‘Apacienta mis corderos’”.

Añadió que “la Santa Sede no busca interferir en la vida de los estados”, sino que su pretensión es “ser un observador atento y sensible de las problemáticas que afectan a la humanidad, con el sincero y humilde deseo de ponerse al servicio del bien de todo ser humano”.

Entre las diferentes regiones geográficas, mencionó en particular a “la amada Nicaragua” y aseguró que sigue de cerca su situación “con el deseo de que las distintas instancias políticas y sociales encuentren en el diálogo el camino principal para empeñarse por el bien de toda la nación”.

También recordó “la amada Venezuela” y pidió que se encuentren “vías institucionales y pacíficas para solucionar la persistente crisis política, social y económica, vías que consientan asistir sobre todo a los que son probados por las tensiones de estos años y ofrecer a todo el pueblo venezolano un horizonte de esperanza y de paz”.

El Santo Padre agradeció “los esfuerzos de muchos gobiernos e instituciones que, impulsados por un espíritu generoso de solidaridad y caridad cristiana, colaboran fraternamente en favor de los migrantes” y mencionó a Colombia, “que, junto a otros países del continente, en los últimos meses ha recibido a un gran número de personas de Venezuela”.

Voluntad de diálogo

El Papa Francisco aseguró que “la premisa indispensable para el éxito de la diplomacia multilateral es la buena voluntad y la buena fe de los interlocutores, la disponibilidad a una discusión leal y sincera, y la voluntad de aceptar las inevitables concesiones que nacen del diálogo entre las partes”.

“Considero importante que en la actualidad no falte tampoco la voluntad de un diálogo sereno y constructivo entre los estados, por más que sea evidente que las relaciones en el seno de la comunidad internacional y el sistema multilateral en su conjunto estén atravesando momentos de dificultad, con el resurgir de tendencias nacionalistas que minan la vocación de las organizaciones internacionales de ser un espacio de diálogo y encuentro para todos los países”, remarcó.

Recordó a San Pablo VI y su memorable discurso a la Asamblea de las Naciones Unidas —el primero de un Pontífice ante esa asamblea— en que cual “trazó los objetivos de la diplomacia multilateral, sus características y responsabilidades en el contexto contemporáneo, evidenciando también los elementos de contacto que existen con la misión espiritual del Papa y, por tanto, de la Santa Sede”.

El primado de la justicia y del derecho

El primer elemento fue el primado de la justicia y del derecho, y recordó que San Pablo VI señaló que “el gran principio” de las relaciones entre los pueblos es la regulación a través del derecho, “la justicia, la razón, los tratados” y no por la fuerza,  “la arrogancia, la violencia, la guerra y ni siquiera, por el miedo o el engaño”.

El segundo elemento fue la defensa de los débiles. Indicó que el Papa Montini remarcó la importancia de dar voz a los pobres, desheredados, desventurados, de quienes aspiran a la justicia, a la dignidad de vivir, a la libertad, al bienestar y al progreso.

En esta línea, el Papa Francisco subrayó que la comunidad internacional, con sus organizaciones, “está llamada a dar voz a quienes no tienen voz”, como las víctimas de las guerras en curso, especialmente la de Siria, con el gran número de muertos que ha causado.

“Una vez más, hago un llamamiento a la comunidad internacional para que promueva una solución política a un conflicto que al final no tendrá más que vencidos. Sobre todo, es fundamental que cesen las violaciones de los derechos humanos, que causan sufrimientos inenarrables a la población civil, especialmente a mujeres y niños, y afectan a estructuras esenciales como hospitales, escuelas y campos de refugiados, así como a edificios religiosos”, insistió.

“Entre los que se han visto afectados por la inestabilidad en la que desde hace años está inmerso Oriente Medio, están especialmente los cristianos, que viven en esas tierras desde el tiempo de los apóstoles y que han ayudado a edificarlas y forjarlas a lo largo de los siglos. Es muy importante que los cristianos tengan un lugar en el futuro de la región y, por lo tanto, aliento a los que han buscado refugio en otras partes a hacer lo posible para regresar a sus casas y mantener y fortalecer los lazos con sus comunidades de origen”, expresó.

De este modo, pidió también a la comunidad internacional defender a los migrantes y los refugiados. “Soy consciente de que las olas migratorias de estos años han causado desconfianza y preocupación entre la población de muchos países, especialmente en Europa y América del Norte, y esto ha llevado a varios gobiernos a limitar en gran medida los flujos entrantes, incluso los de tránsito”. Sin embargo, señaló que “las emergencias recientes han demostrado que se necesita una respuesta común, coordinada por todos los países, sin prevenciones y respetando todas las instancias legítimas, tanto de los Estados como de los migrantes y refugiados”.

Además, entre otros débiles, el Santo Padre recordó a los jóvenes y a los niños, y pidió “reflexionar seriamente sobre los pasos que se han dado para tutelar el bien de nuestros niños y su desarrollo social e intelectual, así como su crecimiento físico, psíquico y espiritual”.

“En esta circunstancia, no puedo callar ante una de las plagas de nuestro tiempo, que por desgracia ha visto implicados también a varios miembros del clero. El abuso contra los menores de edad es uno de los peores y más viles crímenes posibles. Destruye inexorablemente lo mejor que la vida humana reserva para un inocente, causando daños irreparables para el resto de su existencia. La Santa Sede y toda la Iglesia están trabajando para combatir y prevenir tales crímenes y su ocultamiento, para averiguar la verdad de los hechos que implican a eclesiásticos y para hacer justicia a los niños que han sufrido violencia sexual, agravada por el abuso de poder y de conciencia”, insistió.

De este modo, señaló que la próxima reunión del 21 al 24 de febrero con los presidentes de las conferencias episcopales del mundo “pretende cumplir un paso más en el camino de la Iglesia para arrojar luz sobre los hechos y aliviar las heridas causadas por esos delitos”.

Violencia en contra de las mujeres

El Papa también denunció que nuestra sociedad, a menudo está “caracterizada por contextos familiares frágiles, se manifiestan también comportamientos violentos contra las mujeres”, cuya dignidad fue puesta de relieve por la Carta apostólica ‘Mulieris dignitatem’ publicada hace treinta años por San Juan Pablo II.

“Ante el flagelo del abuso físico y psicológico causado a las mujeres, es urgente volver a encontrar formas de relaciones justas y equilibradas, basadas en el respeto y el reconocimiento mutuos, en las que cada uno pueda expresar su identidad de manera auténtica, mientras que la promoción de algunas formas de indiferenciación corre el riesgo de desnaturalizar el mismo ser hombre o mujer”, dijo.

Por último, también abordó el tema del trabajo. Dijo que si este “no se protege adecuadamente, deja de ser el medio por el que el hombre se realiza y se convierte en una forma moderna de esclavitud”.

Además denunció la plaga del trabajo infantil y las nuevas formas de esclavitud, “así como a la disminución progresiva del valor de los salarios, especialmente en los países desarrollados, y a la discriminación persistente de las mujeres en el ámbito laboral”.

El Papa Francisco citó nuevamente el discurso de San Pablo VI ante las Naciones Unidas para recordar que el cuerpo diplomático existe “para unir a las naciones, para asociar a los Estados; [...] para reunir los unos con los otros” para ser “un puente entre pueblos”, por lo que pidió no olvidar las “masacres inútiles y ruinas espantosas”. “Es la paz, la paz, la que debe guiar el destino de los pueblos y de toda la humanidad”, exclamó.

En el contexto de aquella época, el Papa se refirió esencialmente a la proliferación de armas nucleares. “Por desgracia, es triste constatar cómo el mercado de armas no solo no se detiene, sino que hay una tendencia cada vez más generalizada a armarse, tanto por parte de personas individuales como de los estados”, alertó.

Por otro lado, el Santo Padre pidió repensar nuestro destino común en la relación con nuestro planeta. “La Tierra pertenece a todos y las consecuencias de su explotación recaen sobre la población mundial, y de manera más dramática en algunas regiones”, como la Amazonía, que será la protagonista de la próxima Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos en el Vaticano el próximo mes de octubre, y que, “aún cuando se ocupará principalmente de los caminos de la evangelización para el Pueblo de Dios, no dejará de abordar los problemas ambientales en estrecha relación con sus consecuencias sociales”.

Al finalizar, el Papa expresó a los embajadores su cordial deseo de que “el nuevo año nos permita fortalecer los lazos de amistad que nos unen y trabajar por la construcción de la paz a la que aspira el mundo”, concluyó.

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