Domingo, 18 Febrero 2018 00:26

Cuando se enfría el amor todo se vuelve gris, advierte Arzobispo

Escrito por  Aci Prensa
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En su comentario semanal, esta vez dedicado al primer domingo de Cuaresma, el Arzobispo de San Juan de Cuyo (Argentina), Mons. Jorge Lozano, advirtió que “uno de los mayores riesgos que afronta la humanidad es perder lo que la distingue del resto de la creación: el amor”.

“Junto con esa pérdida se degrada la libertad, la paz, la amistad, la sonrisa, la alegría, la ternura, el sentido de la vida. Cuando se enfría el amor todo se vuelve gris, aburrido, sin sentido”, expresó el Prelado este domingo 18 de febrero. 

Citando las palabras del Papa Francisco para esta cuaresma, “al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría”, Mons. Lozano afirmó que cuando eso sucede, “cualquier pavada nos cansa o irrita. Nos volvemos quejosos, apáticos, desconfiados y hasta podemos caer en el cinismo. Va ganando lugar en nosotros una actitud de desprecio de todo, y la tristeza golpea a la puerta”. 

Asimismo, advirtió que entonces se empieza a “tratar mal a los hermanos, los juzgamos sin piedad, vemos sus defectos como si fueran ofensas intencionadas a mí mismo. Nos volvemos intolerantes, sin capacidad de comprensión. Hasta nos aislamos de los amigos y la familia, haciendo cada uno la suya. Los vínculos se vuelven funcionales según lo que necesitamos o nos conviene. Pero el amor emprende la fuga casi sin que nos demos cuenta”. 

“Tratamos mal a la creación sin tener un corazón agradecido. Vamos contaminando todo a nuestro paso, con una mentalidad materialista del 'uso y tiro'. No nos vemos como familia humana, y por tanto no cuidamos la casa común. Nos comportamos como tiranos en lugar de entrar en comunión con la hermana agua, la madre tierra”, continuó. 

Como consecuencia, Mons. Lozano dijo que también se empieza a tratar “mal a Dios a quien no vemos como Padre y amigo. Le desconfiamos, nos escondemos de su presencia como hicieron Adán y Eva según relata el libro del Génesis. Dejamos de rezar, de hablar con Él, de escuchar su Palabra”. 

"Nos tratamos mal cada uno a sí mismo, sin perdonarnos derrotas y fracasos. Se desdibuja del rostro, la sonrisa, damos paso a la amargura, a veces a la angustia existencial. Cuando se enfría el amor perdemos la esperanza, y todo parece inútil", afirmó. 

"La Iglesia -señala el Arzobispo- cada año nos propone cuarenta días de purificación y liberación. Para ello nos invita a ir al ‘desierto’, signo de aridez que nos ayuda a mirar lo único necesario. En la Biblia el desierto es el lugar en el que habla Dios. Adentrarse allí me hace dejar atrás lo que me puede distraer o dispersar, para encontrar y reavivar ‘el centro’ de la vida”. 

Por tal motivo, recordó que el “desierto es el lugar del encuentro y del reencuentro con el primer amor, el noviazgo, la Palabra”.

"No basta el desierto, no alcanza con el silencio. Hace falta querer buscar a Dios y ser encontrados por Él. Nuestro Padre está deseoso de entrar en amistad con vos, conmigo, con todos. En Él el amor no se enfría jamás. La Palabra de Dios durante este tiempo nos muestra el aamor sin límites de Jesús, para que no se enfríe nuestra respuesta de amor", concluyó Mons. Lozano.

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